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noviembre 01, 2012

Algo más sobre Ray Bradbury


Aunque este texto lo escribí y publiqué hace meses en el blog Le dicen poesía, quería compartirlo aquí con ustedes. Nunca están de más unas palabras sobre este destacado escritor.


Sobre Ray Bradbury

Leer al escritor norteamericano Ray Bradbury fue algo muy importante en mi adolescencia y en mi juventud. Los primeros cuentos que me topé de él fueron en algunos libros de castellano de la enseñanza media, como “Vendrán lluvias suaves”. Y luego me enamoré de sus “Crónicas Marcianas” o de los hermosos relatos de otras de sus colecciones de cuentos, como “El Hombre Ilustrado”, “Fantasmas de lo nuevo” o “Las doradas manzanas del sol”. Ninguno de estos libros los leí por algún plan de estudio del liceo ni nada por el estilo, era por puro gusto personal, y tras buscar en las bibliotecas públicas como la de la calle Dieciocho (donde también tuve la inolvidable experiencia de comenzar a leer a Lovecraft). Así que sus melancólicas fantasías llenaron mis pensamientos en una era pre-digital. Había vida y literatura antes de la internet…
Ya un poco mayor leí su novela “Farenheit 451”, y nunca olvidaré que una mañana de 1986, mientras estaba ensimismado en su lectura, varios helicópteros militares revoloteaban por el aire, y salí a la calle a mirar y los milicos carapintadas estaban allanando la población Santa Julia en plena mañana, al frente de mi barrio. La novela me hablaba de un futuro Estado totalitario (que quemaba sistemáticamente los libros), y en ese mismo instante las fuerzas del Estado (que en el 73 habían encendido piras de libros… y de personas) estaban rastrillando un población a unos metros de mi casa. En esa misma novela, el protagonista, Montag, queda prendado de una joven Clarisse, y la muchacha desaparece sin más. Y yo seguía leyendo esperando que volviera a aparecer, pero ustedes saben que eso no ocurre. Y otra vez la realidad, en unos años 80 donde la gente (sobre todo la que pensaba y actuaba) podía desaparecer en la calle. Oficialmente, los últimos detenidos – desaparecidos de la dictadura militar, son de 1987.
Con el paso el tiempo, caí en la cuenta que ya desde mi niñez me había hechizado la obra de Bradbury. Películas que veía una y otra vez en la televisión en blanco y negro de los 70, como “El Monstruo de tiempos remotos” (también conocida como “El Monstruo del mar”), o la adaptación cinematográfica de Moby Dick de John Huston, estaban relacionadas a este soñador norteamericano. La primera basada en su cuento “La sirena”, la segunda con guión suyo.
Y finalmente, quería señalar un bello recuerdo que tengo de la cinta “El ruido del trueno” de Peter Hyams, mala adaptación del cuento homónimo del recordado escritor. Esta película fue una de las últimas que vi junto a mi padre antes de que enfermara gravemente, en un tarde de compartir juntos viendo una película en la casa.

Adiós, Ray bradbury.

miguel acevedo. 


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junio 08, 2012

Adiós, Ray Bradbury


Ray Bradbury, el visionario que rehuía de lo tecnológico


BBC Mundo
Jueves, 7 de junio de 2012

El escritor y guionista estadounidense Ray Bradbury, fallecido esta semana a los 91 años de edad, será recordado como un visionario por sus obras de ciencia ficción, y sin embargo en su vida cotidiana prefería mantenerse alejado de los avances tecnológicos.
Ray Bradbury escribió cientos de novelas, relatos, obras de teatro y guiones de televisión y cine en una prolífica carrera que comenzó a germinar allá por la década de los 40 del siglo pasado.
Sus novelas más famosas son Farenheit 451 y Something Wicked This Way Comes (La Feria de las Tiniemblas), y de las compilaciones de relatos destacan sus Crónicas Marcianas.
El nieto del escritor, Danny Karapetian, dijo: "Influyó a muchos artistas, escritores, profesores, científicos, y es siempre conmovedor y reconfortante escuchar sus historias.
"Su legado vive en su impresionante obra, formada por libros, películas, televisión y teatro pero, lo que es más importante, vive en las mentes y corazones de cualquiera que lo leyera, porque leer su obra era conocerlo".
Muchos de sus seguidores le han rendido homenaje. El director de Moon, Duncan Jones, lamentó la pérdida: "Otro espectacular visionario de la ciencia ficción nos ha dejado".

Escritor visionario
Bradbury nació en Illinois, Estados Unidos, y en la adolescencia se trasladó con su familia a Los Ángeles.
Terminados los estudios, se ganó la vida vendiendo periódicos y escribiendo en su tiempo libre.
Desde principios de los años 40, sus relatos comenzaron a aparecer en revistas como Weird Tales, Astounding Science Fiction y Captain Future.
En 1947, se casó con Marguerite 'Maggie' McClure y publicó su primer libro, Dark Carnival.
Tres años más tarde, Bradbury empezó a construir su prestigio como escritor gracias a Crónicas Marcianas, una colección de relatos sobre terrícolas materialistas que colonizaban y explotaban de mala manera el planeta Marte.
Su novela más celebrada, Farenheit 451, publicada en 1953, presenta una sociedad del futuro en la que los libros están prohibidos.
La historia, que recibe su nombre de la temperatura a la que supuestamente arde el papel, fue profética – los personajes son adictos a telenovelas, mientras que minúsculos auriculares, conocidos como "dedales del oído" suministran una corriente constante de música y noticias.
Una versión cinematográfica del libro dirigida por François Truffaut se estrenó en 1966.
Paradójicamente, el autor especializado en ciencia ficción, que él prefería denominar "fantasía", no era muy amigo de la tecnología.
Durante años, Bradbury intentó evitar la publicación de Farenheit 451 como libro electrónico. Le dijo al New York Times que los libros electrónicos "huelen a gasolina quemada" y calificó internet como "una gran distracción".
"Carece de significado, no es real. Está en algún lugar en el aire", manifestó.
Pero cambió de idea en 2011, cuando renovó su contrato editorial. Su agente señaló: "Le explicamos la situación, que un contrato nuevo no sería posible sin derechos de libro electrónico. Lo entendió y nos dio permiso para seguir adelante".
Bradbury hizo varios trabajos para cine y televisión. Escribió el guión de la película de John Houston, Moby Dick, y los guiones de muchas series de televisión, incluyendo Suspense, El Show de Alfred Hitchcock y The Twilight Zone.

Lectura y democracia

Bradbury era un apasionado de la literatura. En 2008, declaró: "Si sabes leer, tienes una educación completa para la vida y sabes cómo votar en una democracia.
"Pero si no sabes leer, no sabes cómo decidir. Eso es lo grande de nuestro país, somos una democracia de lectores, y deberíamos mantenerlo así".
La escritora Joanne Harris, autora de éxitos como Chocolat y Five Quarters Of the Orange, le dijo a la BBC que lo que más preocupaba a Bradbury era "la idea de la disminución del espíritu humano y la pérdida de la imaginación, que la gente se volviera demasiado institucional. Esa era su parte pesimista.
Pero por el resto, agregó Harris, Bradbury estaba lleno de optimismo. "Estaba fascinado por el espacio, los cohetes, la exploración, las posibilidades".
Harris recomienda a los lectores jóvenes que quieran conocer la obra de Bradbury que comiencen con sus relatos cortos. "Sus compilaciones de historias cortas son una maravilla y resultan muy atractivas para los jóvenes".


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noviembre 19, 2011

75 años de DC Comics
















75 Years of DC Comics: The Art of Modern Mythmaking

75 años de ¡Pam! ¡Bum! ¡Smash!

Superhéroes de Atom a Zatara: 75 años de DC Comics


En 1935, el fundador de DC Comics, el mayor Malcolm Wheeler-Nicholson, publicóNew Fun #1, el primer libro especializado en cómics con todo el material más reciente y original en una época cuando los cómics no eran más que contenedores de las historietas descartadas de los periódicos. Lo que al principio se consideraba un medio de comunicación desechable para niños estaba a punto de convertirse en la mitología de nuestro tiempo: la respuesta del siglo XX a personajes como Atlas o el Zorro.
Después de más de publicar 40.000 cómics y para celebrar el 75 aniversario de la editorial DC Comics, TASCHEN lanza al mercado el único y más exhaustivo libro sobre DC Comics en una edición XL que incluso a Superman le costaría levantar a pulso. Más de 2000 imágenes —portadas e interiores, ilustraciones originales, fotografías, fotos fijas y coleccionables—la obra ofrece una rica iconografía mediante la última tecnología en reproducción digital que da vida a las historias, personajes y creadores de una manera jamás vista antes. Para desvelarnos las historias que se esconden detrás de estos libros encontramos a Paul Levitz, un histórico de DC tras 35 años en la empresa, cuyas minuciosas crónicas recorren la historia de la compañía, desde su nacimiento como revista de bajo precio hasta el futuro de la edición digital.



Gracias a una completa y desplegable cronología y a un exhaustivo apéndice que incluye la biografía de los artistas, escritores, editores, editoriales y actores que hechizaron al mundo, esta obra es una referencia inigualable para cualquier aficionado a los cómics. Están todos aquí.


Sobre el autor:
Paul Levitz es un gran amante de los cómics; ha trabajado como editor de The Comic Reader y de la serie Batman entre otros; ha escrito más de 300 historias —incluida una aplaudida temporada de Legión de Superhéroes— y ha sido directivo de DC Comics, terminando sus 35 años de carrera en la empresa como presidente y director editorial. Retomó la escritura en 2010 con una nueva serie de Legión y otros proyectos.



75 Years of DC Comics: The Art of Modern Mythmaking

Paul Levitz

Tapa dura, 29 x 39.5 cm, 720 páginas, Edición en inglés.

http://www.taschen.com/pages/es/catalogue/popculture/all/06749/facts.75_years_of_dc_comics_the_art_of_modern_mythmaking.htm

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julio 24, 2009

Roberto Bolaño viene volando

"A SEIS AÑOS DE SUPERAR A LA MUERTE...
ROBERTO BOLAÑO VIENE VOLANDO"


Por: René Acevedo

La primera vez que leí a Roberto Bolaño fue como un golpe a la quijada, una pedrada en el ojo que no se puede obviar y seguir caminando como si nada. No, no se puede. Porque en estos casos hay que buscar asistencia médica de inmediato o pasar a pedir un parche curita y las clásicas dipironas al SAPU más cercano, despues obviamente de al menos unas 24 horas de espera mientras nacen guaguas en los baños o mueren indigentes en las salas de espera.
El punto es que Bolaño mezcla en sus renglones partes de esa realidad irreal que nos circunda, es una muestra clara del imaginario latinoamericano y chileno en particular que mezcla cual revolvedora de cemento los ingredientes del cielo y el infierno, pues hablar de interculturalidad, transculturalidad, heterogeneidad cultural en nuestra america morena y en Chile es el más vil de los eufemismos. Nuestra seudo-realidad es una simbiosis, un resumidero cultural de múltiples cruzadas y abandonos permanentes, de odio y amor, de lucidez y locura, de blancos, negros, mulatos y asiáticos, de polinesias y otras razas que jamás volvieron a ver la luz tras ser cegados (o segados) por las espadas y cruces españolas, es esa mezcla acentuada en él por el exilio o autoexilio y la divagación permanente y transhumante, su nomadismo cultural, social y literario, pero sobretodo es una conjugación de muertes y redenciones, cosa que queda plasmada en el texto de Bolaño sobre la Literatura y la Enfermedad, que es donde hace una especie de manifiesto acerca de sus tópicos y leit motiv compulsivos, presentes en los detectives salvajes, pero sobretodo en sus cuentos.
Y bueno, ahí estaba yo, en algun andén del metro leyendo "Putas Asesinas" después de haber terminado por enésima vez con mi polola de turno, de cuyo nombre no quiero acordarme..., y la bofetada, la patada en el culo, y recordé la lectura dominical en el water con un libro de Bukovsky para poder excomulgar a esos porotos con chicharrones rebeldes. Pero no, esta vez era Bolaño y "El Ojo Silva" que iniciaba el libro, tras esa portada de Anagrama con tonos grises brillantes y la foto de una mujer sin cabeza enfundada en cuero negro y cinturones insinuantes a sadomasoquismo intelectual...
"Y su amigo francés le dijo que sí, que por supuesto, que lo haría de inmediato, y también le dijo ¿qué es ese ruido?, ¿estás llorando?, y el Ojo le dijo que sí, que no podía dejar de llorar, que no sabía qué le pasaba, que llevaba horas llorando. Y su amigo francés le dijo que se calmara. Y el Ojo se rió sin dejar de llorar y dijo que eso haría y colgó el teléfono. Y luego siguió llorando sin parar."
Y continuó leyendo...
"Las mujeres son putas asesinas, Max, son monos ateridos de frío que contemplan el horizonte desde un árbol enfermo, son princesas que te buscan en la oscuridad, llorando, indagando las palabras que nunca podrán decir. En el equívoco vivimos y planeamos nuestros ciclos de vida"
(Roberto Bolaño, Putas Asesinas, Barcelona 2001.)

(René Acevedo, julio de 2008.)

Y acá les va el texto, disfrútenlo, enférmense y lárguense a escribir...

LITERATURA + ENFERMEDAD = ENFERMEDAD por Roberto Bolaño

"para mi amigo el doctor Víctor Vargas, hepatólogo"

Enfermedad y conferencia
Nadie debe extrañarse de que el conferenciante se ande por las ramas. Pongamos el siguiente caso. El conferenciante va a hablar sobre la enfermedad. El teatro se llena con diez personas. Hay una expectación entre los espectadores digna, sin duda, de mejor causa. La conferencia empieza a las siete de la tarde o a las ocho de la noche. Nadie del público ha cenado. Cuando dan las siete (o las ocho, o las nueve) ya están todos allí, sentados en sus asientos, los teléfonos móviles apagados. Da gusto hablar ante personas tan educadas. Sin embargo el conferenciante no aparece y finalmente uno de los organizadores del evento anuncia que no podrá venir debido a que, a última hora, se ha puesto gravemente enfermo.

Enfermedad y estatura
Vayamos al grano o acerquémonos por un instante a ese grano solitario que el viento o el azar ha dejado justo en medio de una enorme mesa vacía. No hace mucho tiempo, al salir de la consulta de Víctor Vargas, mi médico, una mujer me esperaba junto a la puerta confundida entre los demás pacientes que formaban la cola. Esta mujer era una mujer bajita, quiero decir de corta estatura, cuya cabeza apenas me llegaba a la altura del pecho, digamos unos pocos centímetros por arriba de las tetillas, y eso que llevaba unos tacones portentosos, como no tardé en descubrir. La visita, de más está decirlo, había ido mal, muy mal; mi médico sólo tenía malas noticias. Yo me sentía, no sé, no precisamente mareado, que es lo usual en estos casos, sino más bien como si los demás se hubieran mareado y yo fuera el único que mantenía una especie de calma o una cierta verticalidad. Tenía la impresión de que todos iban a gatas o, como suele decirse, a cuatro patas, mientras yo iba de pie o permanecía sentado, con las piernas cruzadas, que a todos los efectos es lo mismo que estar o ir de pie o mantener la verticalidad. En cualquier caso tampoco puedo decir que me sintiera bien, pues una cosa es mantenerse erguido mientras los demás gatean y otra cosa muy distinta es observar, con algo que a falta de una palabra mejor llamaré ternura o curiosidad o mórbida curiosidad, el gateo indiscriminado y repentino de quienes te rodean. Ternura, melancolía, nostalgia, sensaciones propias de un enamorado más bien cursi, y muy impropias de experimentar en el consultorio externo de un hospital de Barcelona. Por supuesto, si ese hospital hubiera sido un manicomio, tal visión no me habría afectado en lo más mínimo, pues desde muy joven me acostumbré —aunque nunca seguí— al refrán que dice que en el país al que fueres, haz lo que vieres, y lo mejor que uno puede hacer en un manicomio, aparte de mantener un silencio lo más digno posible, es gatear u observar el gateo de los compañeros de desgracia.
Pero yo no estaba en un manicomio sino en uno de los mejores hospitales públicos de Barcelona, un hospital que conozco bien pues he estado cinco o seis veces internado allí, y hasta entonces no había visto a nadie caminar a cuatro patas, aunque sí había visto a enfermos ponerse amarillos como canarios y había visto a otros que de repente dejaban de respirar, es decir, se morían, algo no inusual en un sitio así; pero a gatas no había visto, todavía, a nadie, por lo que pensé que las palabras de mi médico habían sido mucho más graves de lo que en principio creí, o lo que es lo mismo: que mi estado de salud era francamente malo. Y cuando salí de la consulta y vi a todo el mundo gateando, esta impresión sobre mi propia salud se acentuó y el miedo a punto estuvo de tumbarme y obligarme agatear a mí también. El motivo de que no lo hiciera fue la presencia de la mujer bajita, que en ese momento se me acercó y dijo su nombre, la doctora X, y luego pronunció el nombre de mi médico, mi querido doctor Vargas, con quien mantengo una relación tipo armador griego millonario, es decir la relación de un hombre casado que ama pero que procura ver lo menos posible a su mujer, y añadió, la doctora X, que estaba al tanto de mi enfermedad o del progreso de mi enfermedad y deseaba incluirme en un trabajo que ella estaba haciendo. Le pregunté educadamente por la naturaleza de ese trabajo. Su respuesta fue vaga. Me explicó que apenas me haría perder media hora de mi tiempo y que se trataba de que yo hiciera algunos tests que tenía preparados. No sé por qué, finalmente le dije que sí, y entonces ella me guió fuera de las consultas externas hasta un ascensor de grandes proporciones, un ascensor en donde había una camilla, vacía, por supuesto, pero ningún camillero, una camilla que subía y que bajaba con el ascensor, como una novia bien proporcionada con —o en el interior de— su novio desproporcionado, pues el ascensor era verdaderamente grande, tanto como para albergar en su interior no sólo una camilla sino dos, y además una silla de ruedas, todas con sus respectivos ocupantes, pero lo más curioso era que en el ascensor no había nadie, salvo la doctora bajita y yo, y justo en ese momento, con la cabeza no sé si más fría o más caliente, me di cuenta de que la doctora bajita no estaba nada mal.
No bien descubrí esto, me pregunté qué ocurriría si le proponía hacer el amor en el ascensor, cama no nos iba a faltar. Recordé en el acto, como no podía ser menos, a Susan Sarandon disfrazada de monja preguntándole a Sean Penn cómo podía pensar en follar si le quedaban pocos días de vida. El tono de Susan Sarandon, por descontado, es de reproche. No recuerdo, para variar, el título de la película, pero era una buena película, dirigida, creo, por Tim Robbins, que es un buen actor y tal vez un buen director pero que no ha estado jamás en el corredor de la muerte. Follar es lo único que desean los que van a morir. Follar es lo único que desean los que están en las cárceles y en los hospitales. Los impotentes lo único que desean es follar. Los castrados lo único que desean es follar. Los heridos graves, los suicidas, los seguidores irredentos de Heidegger. Incluso Wittgenstein, que es el más grande filósofo del siglo XX, lo único que deseaba era follar. Hasta los muertos, leí en alguna parte, lo único que desean es follar. Es triste tener que admitirlo, pero es así.

Enfermedad y Dioniso
Aunque la verdad de la verdad, la puritita verdad, es que me cuesta mucho admitirlo. Esa explosión seminal, esos cúmulos y cirros que cubren nuestra geografía imaginaria, terminan por entristecer a cualquiera. Follar cuando no se tienen fuerzas para follar puede ser hermoso y hasta épico. Luego puede convertirse en una pesadilla. Sin embargo, no hay más remedio que admitirlo. Miren, por ejemplo, las cárceles de México. Aparece un tipo no precisamente agraciado, chaparro, seboso, panzón, bizco, y que encima es malo y huele mal. Este tipo, cuya sombra se desplaza con una lentitud exasperante por las paredes de la cárcel o por los pasillos interiores de la cárcel, al poco tiempo de estar allí se hace amante de otro tipo, igual de feo pero más fuerte. No ha habido un romance prolongado, un romance lleno de pasos y de estaciones. No ha habido una afinidad electiva tal como la entendía Goethe. Ha sido un amor a primera vista, primario, si ustedes quieren, pero cuya finalidad no difiere mucho de la finalidad buscada por tantas parejas normales o que nos parecen normales. Son novios. Sus galanteos, sus deliquios, son como radiografías. Follan cada noche. A veces se pegan. Otras veces se cuentan sus vidas, como si fueran amigos, aunque en realidad no son amigos sino amantes. Los domingos, incluso, ambos reciben las visitas de sus respectivas mujeres, que son tan feas como ellos. Obviamente ninguno de los dos es lo que llamaríamos un homosexual. Si alguien se lo echara encara probablemente ellos se enojarían tanto, se sentirían tan ofendidos, que primero violarían brutalmente al ofensor y luego lo asesinarían. Esto es así. Victor Hugo, que según Daudet era capaz de comerse una naranja entera de un solo bocado, prueba máxima de salud, según Daudet, típico gesto de cerdo, según mi mujer, dejó escrito en Los miserables que la gente oscura, la gente atroz, es capaz de experimentar una felicidad oscura, una felicidad atroz. Según creo recordar, pues Los miserables es un libro que leí en México hace muchísimos años y que dejé en México cuando me fui de México para siempre y que no pienso volver a comprar ni a releer, pues no hay que leer ni mucho menos releer los libros de los cuales se hacen películas, y creo que de Los miserables se hizo hasta un musical. Esa gente atroz, como decía, cuya felicidad es atroz, son aquellos rufianes que acogen a Cosette cuando Cosette aún es una niña, y que encarnan a la perfección no sólo el mal y la mezquindad de cierta pequeña burguesía o de aquello que aspira a formar parte de la pequeña burguesía, sino que con el paso del tiempo y los avances del progreso encarnan, a estas alturas de la historia, a casi la totalidad de lo que hoy llamamos clase media, una clase media de izquierda o de derecha, culta o analfabeta, ladrona o de apariencia proba, gente provista de buena salud, gente preocupada en cuidar su buena salud, gente exactamente igual (probablemente menos violenta y menos valiente, más prudente, más discreta) que los dos pistoleros mexicanos que viven su amor encerrados en un penal.
Dioniso lo ha invadido todo. Está instalado en las iglesias y en las ONG, en el gobierno y en las casas reales, en las oficinas y en los barrios de chabolas. La culpa de todo la tiene Dioniso. El vencedor es Dioniso. Y su antagonista o contrapartida ni siquiera es Apolo, sino don Pijo o doña Siútica o don Cursi o doña Neurona Solitaria, guardaespaldas dispuestos a pasarse al enemigo a la primera detonación sospechosa.

Enfermedad y Apolo
¿Y dónde diablos está el maricón de Apolo? Apolo está enfermo, grave.

Enfermedad y poesía francesa
La poesía francesa, como bien saben los franceses, es la más alta poesía del siglo XIX y de alguna manera en sus páginas y en sus versos se prefiguran los grandes problemas que iba a afrontar Europa y nuestra cultura occidental durante el siglo XX y que aún están sin resolver. La revolución, la muerte, el aburrimiento y la huida pueden ser esos temas. Esa gran poesía fue escrita por un puñado de poetas y su punto de partida no es Lamartine, ni Hugo, ni Nerval, sino Baudelaire. Digamos que se inicia con Baudelaire, adquiere su máxima tensión con Lautréamont y Rimbaud, y finaliza con Mallarmé. Por supuesto, hay otros poetas notables, como Corbière o Verlaine, y otros que no son desdeñables, como Laforgue o Catulle Mendés o Charles Cros, e incluso alguno no del todo desdeñable como Banville. Pero la verdad es que con Baudelaire, Lautréamont, Rimbaud y Mallarmé ya hay suficiente. Empecemos por el último. Quiero decir, no por el más joven sino por el último en morir, Mallarmé, que se quedó a dos años de conocer el siglo XX. Éste escribe en Brisa Marina:

La carne es triste, ¡ay!, y todo lo he leído.
¡Huir! ¡Huir! Presiento que en lo desconocido
de espuma y cielo, ebrios los pájaros se alejan.
Nada, ni los jardines que los ojos reflejan
sujetará este pecho, náufrago en mar abierta
¡oh, noches!, ni en mi lámpara la claridad desierta
sobre la virgen página que esconde su blancura,
y ni la fresca esposa con el hijo en el seno. ¡He de partir al fin! Zarpe el barco, y sereno
meza en busca de exóticos climas su arboladura.
Un hastío reseco ya de crueles anhelos
aún suena en el último adiós de los pañuelos.
¡Quién sabe si los mástiles, tempestades buscando,
se doblarán al viento sobre el naufragio, cuando
perdidos floten sin islotes ni derroteros!...
¡Más oye, oh corazón, cantar los marineros!

Un bonito poema. Nabokov le habría aconsejado al traductor no mantener la rima, dar una versión en verso libre, hacer una versión feísta, si Nabokov hubiera conocido al traductor, Alfonso Reyes, que para la cultura occidental poco significa pero que para esa parte de la cultura occidental que es Latinoamérica significa (o debería significar) mucho. ¿Pero qué quiso decir Mallarmé cuando dijo que la carne es triste y que ya había leído todos los libros? ¿Que había leído hasta la saciedad y que había follado hasta la saciedad? ¿Que a partir de determinado momento toda lectura y todo acto carnal se transforman en repetición? ¿Que lo único que quedaba era viajar? ¿Que follar y leer, a la postre, resultaba aburrido, y que viajar era la única salida? Yo creo que Mallarmé está hablando de la enfermedad, del combate que libra la enfermedad contra la salud, dos estados o dos potencias, como queráis, totalitarias; yo creo que Mallarmé está hablando de la enfermedad revestida con los trapos del aburrimiento. La imagen que Mallarmé construye sobre la enfermedad, sin embargo, es, de alguna manera, prístina: habla de la enfermedad como resignación, resignación de vivir o resignación de lo que sea.
Es decir, está hablando de derrota. Y para revertir la derrota opone vanamente la lectura y el sexo, que sospecho que para mayor gloria de Mallarmé y mayor perplejidad de Madame Mallarmé eran la misma cosa, pues de lo contrario nadie en su sano juicio puede decir que la carne es triste, así, de esa forma taxativa, que enuncia que la carne sólo es triste, que la petit morte, que en realidad no dura ni siquiera un minuto, se extiende a todos los gestos del amor, que como es bien sabido pueden durar horas y horas y hacerse interminables, en fin, que un verso semejante no desentonaría en un poeta español como Campoamor pero sí en la obra y en la biografía de Mallarmé, indisolublemente unidas, salvo en este poema, en este manifiesto cifrado, que sólo Paul Gauguin se tomó al pie de la letra, pues que se sepa Mallarmé no escuchó jamás cantar a los marineros, o si los escuchó no fue, ciertamente, a bordo de un barco con destino incierto.
Y menos aún se puede afirmar que uno ya ha leído todos los libros, pues incluso aunque los libros se acaben nunca acaba uno de leerlos todos, algo que bien sabía Mallarmé. Los libros son finitos, los encuentros sexuales son finitos, pero el deseo de leer y de follar es infinito, sobrepasa nuestra propia muerte, nuestros miedos, nuestras esperanzas de paz. ¿Y qué le queda a Mallarmé en este ilustre poema, cuando ya no le quedan, según él, ni ganas de leer ni ganas de follar? Pues le queda el viaje, le quedan las ganas de viajar. Y ahí está tal vez la clave del crimen. Porque si Mallarmé llega a decir que lo que queda por hacer es rezar o llorar o volverse loco, tal vez habría conseguido la coartada perfecta.
Pero en lugar de eso Mallarmé dice que lo único que resta por hacer es viajar, que es como si dijera navegar es necesario, vivir no es necesario, frase que antes sabía citar en latín y que por culpa de las toxinas viajeras de mi hígado también he olvidado, o lo que es lo mismo, Mallarmé opta por el viajero con el torso desnudo, por la libertad que también tiene el torso desnudo, por la vida sencilla (pero no tan sencilla si rascamos un poco) del marinero y del explorador que, a la par que es una afirmación de la vida, también es un juego constante con la muerte y que,en una escala jerárquica, es el primer peldaño de cierto aprendizaje poético. El segundo peldaño es el sexo y el tercero los libros. Lo que convierte la elección mallarmeana en una paradoja o bien en un regreso, en un volver a empezar desde cero. Y llegado a este punto no puedo, antes de volver al ascensor, dejar de pensar en un poema de Baudelaire, el padre de todos, en el que éste habla del viaje, del entusiasmo juvenil del viaje y de la amargura que todo viaje a la postre deja en el viajero, y pienso que tal vez el soneto de Mallarmé es una respuesta al poema de Baudelaire, uno de los más terribles que he leído, el de Baudelaire, un poema enfermo, un poema sin salida, pero acaso el poema más lúcido de todo el siglo XIX.

Enfermedad y viajes
Viajar enferma. Antiguamente los médicos recomendaban a sus pacientes, sobre todo a los que padecían enfermedades nerviosas, viajar. Los pacientes, que por regla general tenían dinero, obedecían y se embarcaban en largos viajes que duraban meses y en ocasiones años. Los pobres que tenían enfermedades nerviosas no viajaban. Algunos, es de suponer, enloquecían. Pero los que viajaban también enloquecían o, lo que es peor, adquirían nuevas enfermedades conforme cambiaban de ciudades, de climas, de costumbres alimenticias.
Realmente, es más sano no viajar, es más sano no moverse, no salir nunca de casa, estar bien abrigado en invierno y sólo quitarse la bufanda en verano, es más sano no abrir la boca ni pestañear, es más sano no respirar. Pero lo cierto es que uno respira y viaja. Yo, sin ir más lejos, comencé a viajar desde muy joven, desde los siete u ocho años, aproximadamente. Primero en el camión de mi padre, por carreteras chilenas solitarias que parecían carreteras posnucleares y que me ponían los pelos de punta, luego en trenes y en autobuses, hasta que a los quince años tomé mi primer avión y me fui a vivir a México. A partir de ese momento los viajes fueron constantes. Resultado: enfermedades múltiples.
De niño, grandes dolores de cabeza que hacían que mis padres se preguntaran si no tendría una enfermedad nerviosa y si no sería conveniente que emprendiera, lo más pronto posible, un largo viaje reparador. De adolescente, insomnio y problemas de índole sexual. De joven, pérdida de dientes que fui dejando, como las miguitas de pan de Hansel y Gretel, en diferentes países; mala alimentación que me provocaba acidez estomacal y luego una gastritis; abuso de la lectura que me obligó a llevar lentes; callos en los pies producto de largas caminatas sin ton ni son; infinidad de gripes y catarros mal curados. Era pobre, vivía en la intemperie y me consideraba un tipo con suerte porque, a fin de cuentas, no había enfermado de nada grave. Abusé del sexo pero nunca contraje una enfermedad venérea. Abusé de la lectura pero nunca quise ser un autor de éxito. Incluso la pérdida de dientes para mí era una especie de homenaje a Gary Snyder, cuya vida de vagabundo zen lo había hecho descuidar su dentadura. Pero todo llega. Los hijos llegan. Los libros llegan. La enfermedad llega. El fin del viaje llega.

Enfermedad y callejón sin salida
El poema de Baudelaire se llama “El viaje”. El poema es largo y delirante, es decir posee el delirio de la extrema lucidez, y no es éste el momento de leerlo completo. El traductor es el poeta Antonio Martínez Sarrión y sus primeros versos dicen así:

Para el niño, gustoso de mapas y grabados,
Es semejante el mundo a su curiosidad.

El poema, pues, empieza con un niño. El poema de la aventura y del horror, naturalmente, empieza en la mirada pura de un niño. Luego dice:

Un buen día partimos, la cabeza incendiada, Repleto el corazón de rabia y amargura,
Para continuar, tal las olas, meciendo
Nuestro infinito sobre lo finito del mar:
Felices de dejar la patria infame, unos;
El horror de sus cunas, otros más; no faltando,
Astrólogos ahogados en miradas bellísimas
De una Circe tiránica, letal y perfumada.
Para no ser cambiados en bestias, se emborrachan
De cielos abrasados, de espacio y resplandor,
El hielo que les muerde, los soles que les queman,
La marca de los besos borran con lentitud.
Pero los verdaderos viajeros sólo parten
Por partir; corazones a globos semejantes
A su fatalidad jamás ellos esquivan
Y gritan “¡Adelante!” sin saber bien por qué.

El viaje que emprenden los tripulantes del poema de Baudelaire en cierto modo se asemeja al viaje de los condenados. Voy a viajar, voy a perderme en territorios desconocidos, a ver qué encuentro, a ver qué pasa. Pero previamente voy a renunciar a todo. O lo que es lo mismo: para viajar de verdad los viajeros no deben tener nada que perder. El viaje, este largo y accidentado viaje del siglo XIX, se asemeja al viaje que hace el enfermo a bordo de una camilla, desde su habitación a la sala de operaciones, donde le aguardan seres con el rostro oculto debajo de pañuelos, como bandidos de la secta de los hashishin. Por cierto, las primeras estampas del viaje no rehúyen ciertas visiones paradisíacas, producto más de la voluntad o de la cultura del viajero que de la realidad:

¡Asombrosos viajeros! ¡Cuántas nobles historias
Leemos en vuestros ojos profundos como el mar!
Mostradnos los estuches de tan ricas memorias
Y también dice: ¿Qué habéis visto? Y el viajero, o ese fantasma que representa a los viajeros, contesta enumerando las estaciones del infierno. El viajero de Baudelaire, evidentemente, no cree que la carne sea triste y que ya haya leído todos los libros, aunque evidentemente sabe que la carne, trofeo y joya de la entropía, es triste y más que triste, y que una vez leído un solo libro, todos los libros están leídos. El viajero de Baudelaire tiene la cabeza incendiada y el corazón repleto de rabia y amargura, es decir, probablemente se trata de un viajero radical y moderno, aunque por supuesto es alguien que razonablemente quiere salvarse, que quiere ver, pero que también quiere salvarse. El viaje, todo el poema, es como un barco o una tumultuosa caravana que se dirige directamente hacia el abismo, pero el viajero, lo intuimos en su asco, en su desesperación y en su desprecio, quiere salvarse. Lo que finalmente encuentra, como Ulises, como el tipo que viaja en una camilla y confunde el cielo raso con el abismo, es su propia imagen:

¡Saber amargo aquel que se obtiene del viaje!
Monótono y pequeño, el mundo, hoy día, ayer,
Mañana, en todo tiempo, nos lanza nuestra imagen:
¡En desiertos de tedio, un oasis de horror!

Y con ese verso, la verdad, ya tenemos más que suficiente. En medio de un desierto de aburrimiento, un oasis de horror. No hay diagnóstico más lúcido para expresar la enfermedad del hombre moderno. Para salir del aburrimiento, para escapar del punto muerto, lo único que tenemos a mano,y no tan a mano, también en esto hay que esforzarse, es el horror, es decir el mal. O vivimos como zombis, como esclavos alimentados con soma, o nos convertimos en esclavizadores, en seres malignos, como el tipo aquel que después de asesinar a su mujer y a sus tres hijos dijo, mientras sudaba a mares, que se sentía extraño, como poseído por algo desconocido, la libertad, y luego dijo que las víctimas se habían merecido lo que les pasó, aunque al cabo de unas horas, más tranquilo, dijo que nadie se merecía una muerte tan cruel y luego añadió que probablemente se había vuelto loco y les pidió a los policías que no le hicieran caso.
Un oasis siempre es un oasis, sobre todo si uno sale de un desierto de aburrimiento. En un oasis uno puede beber, comer, curarse las heridas, descansar, pero si el oasis es de horror, si sólo existen oasis de horror, el viajero podrá confirmar, esta vez de forma fehaciente, que la carne es triste, que llega un día en que todos los libros están leídos y que viajar es un espejismo. Hoy, todo parece indicar que sólo existen oasis de horror o que la deriva de todo oasis es hacia el horror.

Enfermedad y pruebas
Y ya es hora de volver a ese ascensor enorme, el ascensor más grande que he visto en mi vida, un ascensor en donde un pastor hubiera podido meter un reducido rebaño de ovejas y un granjero dos vacas locas y un enfermero dos camillas vacías, y en donde yo me debatía, literalmente, entre la posibilidad de pedirle a aquella doctora de corta estatura, casi una muñeca japonesa, que hiciera el amor conmigo o que al menos lo intentáramos, y la posibilidad cierta de echarme a llorar allí mismo, como Alicia en el País de las Maravillas, e inundar el ascensor no de sangre, como en El resplandor de Kubrick, sino de lágrimas. Pero los buenos modales, que nunca están de más y que pocas veces estorban, en ocasiones como ésta son un estorbo, y al poco rato la doctora japonesa y yo estábamos encerrados en un cubículo, con una ventana desde la que se veía la parte de atrás del hospital, haciendo unas pruebas rarísimas, que a mí me parecieron exactamente iguales que las pruebas que aparecen en las páginas de pasatiempos de cualquier periódico dominical.
Por supuesto, me esmeré mucho en hacerlas bien, como si quisiera demostrarle a ella que mi médico estaba equivocado, vano esfuerzo, pues aunque realizaba las pruebas de forma impecable la pequeña japonesa permanecía impasible, sin dedicarme ni la más mínima sonrisa de aliento. De vez en cuando, mientras ella preparaba una nueva prueba, hablábamos. Le pregunté por las posibilidades de éxito de un trasplante de hígado. Muchas posibilidades, dijo. ¿Qué tanto por ciento?, dije yo. Sesenta pol ciento, dijo ella. Joder, dije yo, es muy poco. En política es mayolía absoluta, dijo ella.
Una de las pruebas, tal vez la más sencilla, me impresionó mucho. Consistía en mantener durante unos segundos las manos extendidas de forma vertical, vale decir con los dedos hacia arriba, enseñándole a ella las palmas y contemplando yo el dorso. Le pregunté qué demonios significaba ese test. Su respuesta fue que, en un punto más avanzado de mi enfermedad, sería incapaz de mantener los dedos en esa posición. Éstos, inevitablemente, se doblarían hacia ella. Creo que dije: Vaya por Dios. Tal vez me reí. Lo cierto es que a partir de entonces ese test me lo hago cada día, esté donde esté. Pongo las manos delante de mis ojos, con el dorso hacia mí, y observo durante unos segundos mis nudillos, mis uñas, las arrugas que se forman sobre cada falange. El día que los dedos no puedan mantenerse firmes no sé muy bien qué haré, aunque sí sé qué no haré. Mallarmé escribió que un golpe de dados jamás abolirá el azar. Sin embargo, es necesario tirar los dados cada día, así como es necesario realizar el test de los dedos enhiestos cada día.

Enfermedad y Kafka
Cuenta Canetti en su libro sobre Kafka que el más grande escritor del siglo XX comprendió que los dados estaban tirados y que ya nada le separaba de la escritura el día en que por primera vez escupió sangre. ¿Qué quiero decir cuando digo que ya nada le separaba de su escritura? Sinceramente, no lo sé muy bien. Supongo que quiero decir que Kafka comprendía que los viajes, el sexo y los libros son caminos que no llevan a ninguna parte, y que sin embargo son caminos por los que hay que internarse y perderse para volverse a encontrar o para encontrar algo, lo que sea, un libro, un gesto, un objeto perdido, para encontrar cualquier cosa, tal vez un método, con suerte: lo nuevo, lo que siempre ha estado allí.

Poetalandia, julio de 2009.

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junio 17, 2008

Pablo de Rokha: Vuelve el descubridor de los calzones con olor a durazno peludo.

El nombre de Pablo de Rokha ha sonado con frecuencia en Chile este 2008. Se cumplen cuarenta años desde que el autor de Los gemidos les diera un drástico fin a sus días en su casa de calle Valladolid, en La Reina. Hace poco fueron reeditados sus libros Tercetos dantescos a Casiano Basualto y Neruda y yo . Y a ello se ha sumado la reciente e inesperada muerte de la pintora Lukó de Rokha, su hija y principal albacea.

Pero los hechos de este año rokhiano no terminan ahí, sino que prosiguen con uno de los acontecimientos literarios más notables del último tiempo: la reedición de Escritura de Raimundo Contreras , una de las obras cumbres del poeta licantenino, que acaba de aparecer bajo el sello de Ediciones Universidad Diego Portales.

El volumen, de 90 páginas, lo que es breve si se considera el gusto de De Rokha por las proporciones bíblicas, es un solo poema en prosa, sin puntuación, en el que las únicas pausas para la lectura son las divisiones entre capítulos y unos espacios en blanco intercalados estratégicamente, que narra las andanzas de Raimundo Contreras, un huaso bruto, mujeriego y furiosamente meditabundo que vive la vida loca hasta que conoce a Lucina y entra, más o menos, en vereda.

Notoriamente autobiográfico, el libro fue publicado originalmente en 1929 (ver recuadro) y es una especie de novela de vanguardia, como un retrato del artista adolescente, en donde Chile se muestra rural y agrario, pero con la sensualidad a flor de piel, con el vino chorreando por las quintas y con unos ejércitos de muchachas hirvientes a las que dan puras ganas de morderles la oreja o de pellizcarles sus redondeces frutales.

Según Leonardo Sanhueza, autor del prólogo a esta nueva edición, ese Chile rokhiano es una creación mítica y “es más Chile que el propio Chile, porque es un país que todo el año huele a duraznos y en el que cantan las tencas bajo la lluvia o el sol y hasta las chiquillas más cartuchas andan a poto pelado celebrando los frutos de la patria colorada y magnífica”.

En efecto, el carácter frutoso y vegetal de este libro salta a la vista y a las narices, lo que se contrapone al aire de tragedia que lo domina desde su primera página, con una terrible dedicatoria a Tomás de Rokha, un hijo muerto a los dos años de edad. Junto a cosas tremendas y pantanosas, hay chirimoyas, naranjas, guindas, higos, sandías, albahacas. Incluso hay mujeres cuyos calzones “huelen a durazno peludo”.

Con Escritura de Raimundo Contreras , De Rokha inventa una suerte de surrealismo chileno, adaptado a una ruralidad hoy desaparecida de la literatura. Es poesía de la vanguardia más adelantada de su tiempo, pero a la vez confiesa tener “su corazón rural como un huevo de perdiz”. Es un libro que no teme a las imágenes insólitas ni a las cosas oníricas, pero generalmente descubre esos mundos “arremangándoles las polleras a las lechugas”.

Imprenteros antipoéticos Aunque fue publicada en 1929, la primera edición de Escritura de Raimundo Contreras estuvo quince años "en capacha", pues sólo pudo salir de las bodegas del imprentero en 1944, cuando las diferencias económicas entre éste y el autor fueron zanjadas. Para pablo de Rokha eso no era novedad. Los Gemidos, su primer gran libro, es una leyenda al respecto. Impreso en 1922, el tiraje también fue retenido en la imprenta por no pago, sólo que esa vez hubo acción: se dice que el autor, al ver herida su credibilidad, tomó la docena de ejemplares que le permitían sus brazos y puso pies en polvorosa. El resto del tiraje fue vendido al kilo en el matadero, como papel para envolver carne.


Comentario crítico:

El texto precedente contiene toda la banalidad de la “crítica” literaria común en la prensa. Se resaltan las cosas más folklóricas del poeta Pablo de Rokha, como los calzones con olor a durazno peludo o las “simpáticas anécdotas” con las imprentas, como si se estuviera escribiendo algo sobre un personaje de la nauseabunda farándula. esconde su suicidio -producto del dolor por la pérdida nunca superada de su esposa, la poetisa Winétt, y el remate de la trágica muerte de su hijo Carlos- con la siútica fórmula de “les diera un drástico fin a sus días”. Pero bueno, la prensa de hoy no se destaca por su profundidad ni por ser muy seria. Es un concentrado de lo pueril, la nada misma con harto de manipulación y lugares comunes, y servil con los poderosos. Nada se dice aquí que valga la pena, que el gigante Rokhiano fue anarquista en su juventud, y después pasó a ser militante del Partido comunista, rompiendo luego con el PC oficial y abrazando más tarde la causa prochina (en los tiempos de Mao). Que fue un poeta maldito, vital y contradictorio, que nunca recibió nada del mediocre establishment cultural chileno, salvo un tardío premio nacional de literatura. Que los críticos consagrados como Alone lo menospreciaron, además de muchos escritores snob. Y que fue el creador de una poesía telúrica y vanguardista.
En todo caso, su obra incluso es capaz de llenar con un poco de energía un texto flojo como el que criticamos, y hasta en él se rescata el cuerpo rural de sus poemas, fundador y descriptivo de un mundo y un tiempo pasado, poesía épica y elegiaca a la vez, pero siempre implacable con las clases explotadoras. Ah! Pablo de Rokha vendiendo sus libros y la Revista “Multitud” por los campos y pueblos, diciéndoles a los dueños de tierras que compraran sus libros para salvarse de la ira popular en la inevitable revolución.
A 40 años de tu muerte, cuanta falta nos hace hoy la fuerza de seres humanos verdaderos, como tú y los de tu clan de fuego negro –Winétt, Carlos, Mahfud y la recientemente fallecida Lukó de Rokha.

¡“Saludo a los borrachos dionisíacos, que no se hacen cadáver”!

Miguel Acevedo.

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junio 02, 2008

2 cuentos

REMATE DE un PERRO EN EL PARQUE

Abrió la puerta, dejó las llaves en la mesa, cerró los ojos y se encontró con su destino desierto, no existe tristeza, pues pese a la soledad la vida transcurre normal, al borde incluso de la suerte media.
Prender el computador es el paso siguiente, mientras carga el software lava los platos, recoge la ropa y desprende de su cuerpo los vestigios de trabajo.
Luego el sueño retozando en la cama abraza el frio de su piel y la lleva nuevamente a la puerta del cubilo, abrir la puerta y besar sus perfumados labios masculinos es el primer paso antes de sentarse a la mesa junto a las copas. El poder se invierte ante sus ojos, es como la bella metáfora del joven frentista golpeando al paco. No hay abuso de poder, la imagen hace referencia a la búsqueda desesperada de la justa equivalencia.
Luego los cuerpos desnudos, el humo y el exquisito sabor del líquido en fermentación llevan las muecas del placer a la risa descontrolada, el mundo gira frenético y lanza sus cuerpos drogados y ebrios al parque, desnudos entre la gente no sienten culpas, ni miedos, no hay frio no hay ley, no hay nadie que crea en ellos ni ellos quieren creer en nadie, solo un perro callejero se acerca y se vende al delirio.
El alcohol se diluye y la luz se refleja en los ojos, ambos ven los innumerables fantasmas que habitan en el alma del otro, ven sus ropas, sus marcas, el llanto llega como las olas de fuego, el día amenaza, los ojos buscan cerrar las ventanas, cerrar los ojos para evitar la verdad en el momento preciso en el que ella toma el despertador para volver al día cero. Despierta entonces, los arrepentimientos llegan, las culpas y el agua caen a cantaros con la primera ducha, ha conocido al hombre verdadero, la certeza solo alcanza para saberse despierta y engañada.
El Día cero termina, vuelve a casa, abre la puerta, deja las llaves en la mesa, cierra los ojos frente a su desierto destino, no existe tristeza, pues pese a la soledad la vida transcurre normal, al borde incluso de la suerte media.


Amantes

"Conozco el cuento...
tópico de inicio,
desarrollo breve e intenso,
final abierto.

Alejandra Pallauta

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abril 29, 2008

Naomi Klein, La Doctrina del Shock y Chile

'La gente se cansa de gobiernos de centro izquierda sin coraje para cambios'
Del Golpe en Chile en 1973, pasando por las Torres Gemelas y llegando hasta Irak y Guantánamo. Un hilo de continuidad invisible pero sólido, que se puede resumir en el shock: ese puñetazo de recetas neoliberales que promete libertad pero exige torturas. Esa es la tesis del libro que la superventas anti-globalización presenta en Chile por estos días.

Este articulo ha aparecido en el diario chileno El Mostrador este 29 de abril.

Un "interesante primer día en Chile" tuvo Naomi Klein. El pasado domingo visitó Villa Grimaldi y se entrevistó con la familia de Orlando Letelier, material que formará parte del documental inspirado en su reciente libro "La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre", y que realiza junto a los creadores del filme "Road to Guantánamo", Mat Whitecross y Michael Winterbottom.
Este es un libro que partió siendo una cosa y terminó siendo otra, según cuenta Klein. "El libro que terminé escribiendo no es el libro que empecé a escribir", dice. Inicialmente quería hablar sobre el desastre del capitalismo a partir de los casos de Irak, el huracán Katrina y el tsunami asiático. "La tesis del libro era que la ideología partió muy violentamente en el Cono Sur y ahora ha vuelto a estos métodos duros con Irak usando el shock y sus terapias, como la tortura", cuenta.

Pero el libro fue cambiando a medida que la autora encontró cada vez más ejemplos que confirmaban su tesis, hasta que en cierto punto "se volvió la historia de los Chicago Boys, simplemente porque aparecían todo el tiempo, inesperadamente", ríe Klein. A diferencia de su anterior libro, "No Logo", en que tenía un esbozo definido, en "La doctrina del shock no había ningún lineamiento muy claro, por lo que la investigación duró más tiempo del presupuestado. Un año y medio más. "Fue un proceso caótico", dice la canadiense.
El resultado es una enorme indagación en torno a casos paradójicamente similares. Una especie de patrón que se repite cada vez que un país enfrenta una crisis, ya sea política, económica, o un desastre natural que deje la moral -y las precauciones- de la gente por los suelos. Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Bolivia, Polonia, Rusia y varias naciones más son ejemplos de ello.
Es ahí cuando el neoliberalismo hace su intervención. Aprovechando golpes de Estado, boeings chocando contra las Torres Gemelas u olas de proporciones, la teoría del laissez faire de Milton Friedman hace su aparición y se vuelve una práctica, anulando restricciones arancelarias, impulsando privatizaciones y eliminando beneficios sociales. Se implanta entonces, así, sin que muchos lo noten, el libre mercado.
Ahora: ¿por qué este nuevo modelo entra tan desapercibidamente en un país? Naomi Klein explica esto basada en la teoría del shock. Es decir, que los grandes golpes económicos nunca van solos. Siempre serán acompañados de refinadas técnicas de "persuasión", llámese torturas, desapariciones y temor popularizado. Fórmulas especialmente diseñadas para extraer ciertos elementos de la sociedad que se resisten a estas nuevas políticas económicas.
"Si un país está muriendo, el país tiene una enfermedad terminal. Entonces no importa qué tratamiento le prescribas, le estás salvando la vida, aunque sea doloroso", explica Klein.

Los jaguares en la mira

"La historia del neoliberalismo está contada por los vencedores, por los neoliberales, por lo que es más marketing que historia y hay muchas distorsiones en ella", dice Klein, quien denuncia una enorme manipulación histórica que nos ha llevado a pensar incluso que la intervención de los Chicago Boys en Chile no fue efectiva hasta 1975. "Pero el registro histórico dice otra cosa" afirma, apoyándose en su investigación, donde denuncia que los mentados economistas constituyeron una mitad clave de los planes golpistas locales.
"Esta es nuestra historia contemporánea, nuestro presente, y creo que necesitamos un poco más de perspectiva para ver algunos de estos patrones", asegura Klein, agregando que "este libro realmente es un ejercicio de reconocer e identificar un patrón o táctica, es ahí cuando comienzas a verlo. El punto es que es sólo un patrón".
Es así como hasta en casos que parecen tan diametralmente distintos -y distantes- como Chile e Irak, Klein localiza semejanzas. Porque el mismo triple shock que se dio en este país, con las radicales reformas económicas, el nuevo régimen político dictatorial y la sistematización de la tortura, es visible también en Irak.
"En Irak tienes este triple shock", dice Klein. "En el ataque -estadounidense-, que pretende preparar el terreno para la terapia de shock económico, que es el programa más radical impulsado jamás, con cientos de leyes nuevas, todo de una vez. Cuando eso no funcionó, Irak se rebeló y resistió. Ahí los iraquíes fueron arrestados y la tortura se hizo sistemática".
La diferencia radica en que en Irak la violencia se usó como una forma de disciplinar a la sociedad, pero no funcionó. "Ninguna de estas tácticas funcionaron, porque Irak era muy difícil de shockear y en cierta forma esto es profundamente trágico. El shock necesita el elemento sorpresa y los iraquíes no estaban sorprendidos de ser atacados por los Estados Unidos, ni tampoco por ser torturados, porque vivieron largo tiempo bajo la violencia de Sadam", dice Klein, tildando ésta como una forma posmoderna de terapia de shock.

-Luego de observar tanto el caso chileno, ¿cómo ve al país hoy en día?

-Creo que el gobierno de Bachelet representa más la salida del modelo neoliberal ortodoxo, pero todavía Chile está muy adentro de él. Hay más programas sociales destinados a los más pobres, pero el real legado de los Chicago Boys es una inequidad masiva entre los ricos y los excluidos, y eso es algo que necesita ser corregido.
"La genialidad de los Chicago Boys en Chile fue la parte más tardía del proyecto, porque el comienzo fue un desastre, realmente implosionó el '82. Muchos perdieron su trabajo, hubo juicios de corrupción, pero lo más creativo fue esta idea de proteger el neoliberalismo de la democracia. O sea puedes votar, pero no puedes afectar estos cambios institucionales que ellos mismos bloquearon antes de irse del poder, lo cual es extraordinario. Chile es excepcional dentro de los otros casos, es el país que ha tenido el período más largo de transición, una transición manejada muy herméticamente".

-Y es un país donde, por ejemplo, el Tribunal Constitucional prohíbe la distribución de la Píldora del día después y donde un Chicago Boy corre la carrera presidencial.

-Es aterrador. El peligro de un gobierno de centro izquierda que no tiene el coraje de producir cambios reales es que la gente termina cansándose de ellos y sólo busca cambiar las caras que están viendo. Hay un peligro real ahí, porque se crea la idea de que esto es una simple continuación. El problema con esto es que cuando un gobierno de ala derechista llega, ¿qué diferencia hace? Y puede ponerse mucho peor, particularmente en cuanto a derechos civiles.

Ana Rodríguez Silva - El Mostrador.cl

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abril 28, 2008

Ojo en el Cielo



Nunca está de más leer una novela del extraordinario escritor norteamericano Philip K. Dick.



Descárgala aquí mismo.


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marzo 26, 2008

Murió Hugo Correa

Hugo Correa, Nuestro Coloane de las galaxias.

Las coincidencias no existen. Quizá esa sea la manera de enfrentar las dos noticias que han golpeado a la ciencia ficción mundial en las últimas dos semanas. Cuando todavía no nos recuperábamos de la desaparición de ese ícono, ese monolito que era Arthur C. Clarke, somos golpeados en lo más íntimo por la muerte de nuestro gran tótem personal, Don Hugo Correa (1926-2008). Habitante solitario de un subgénero casi inexistente en nuestro país, enfrentó la aventura de escribir ciencia ficción desde el fin del mundo de la misma manera que los héroes clásicos del espacio, lanzándose al vacío solo con su deseo de alcanzar las estrellas. Su primera obra, Los Altísimos (1959), es un clásico no reconocido del canon literario chileno y mundial, su argumento se adelanta a grandes autores del género como Heinlein, Larry Niven e incluso el propio Arthur C. Clarke. Sus obras fueron traducidas al francés, inglés, alemán, portugués y sueco. Elogiado por el gran Ray Bradbury, fue traducido e incluido en la prestigiosa revista Fantasy and Science Fiction cuando Isaac Asimov era el consultor científico. Todos datos que en nuestro país, donde las glorias mueren el la pobreza y el olvido, son absolutamente ignorados. Lo conocí en el lanzamiento de la Antología de Ciencia Ficción chilena “Años Luz” (Editorial Puerto de Escape, 2006), cuando fue el invitado de honor de la mesa. Recuerdo con particular emoción el momento en que este gran solitario de los espacios estrellados australes es anunciado por el orador, la ovación fue grande, automática y extensa, su expresión primero de sorpresa, luego de íntima satisfacción. Eso, más la expresión de ternura en los ojos de su esposa en la platea, me llenaron el corazón de alegría. Sin saberlo, ese día, pudimos expresarle por última vez a nuestro gran navegante, a nuestro Coloane de las galaxias, “captain, oh my captain”, toda nuestra admiración, nuestro agradecimiento y nuestra deuda con su titánico esfuerzo. Gracias, don Hugo, nos vemos en las estrellas.

Jorge Baradit (autor del libro Ygdrasil y Premio UPC de ciencia ficción)




Nota del posteador: buena y emotiva la nota sobre Hugo Correa, aunque eso de tratar a las personas de "don" es un poco anacrónico...

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marzo 19, 2008

Ha muerto Arthur C. Clarke

Acaba de hacerse público el fallecimiento a los 90 años de edad de Artur C. Clarke, el conocido autor de ciencia ficción, quien también fue la primera persona en proponer la idea de los satélites artificiales de comunicaciones: Sci-fi guru Arthur C. Clarke dies at 90.

Algunas de sus obras más conocidas son el relato corto El Centinela, en el que está basada la película 2001: Una odisea del espacio, Cánticos de la lejana Tierra, o Cita con Rama, una de las mejores novelas escritas nunca acerca del primer contacto de la humanidad con un artefacto de procedencia extraterrestre.

Clarke muere sin que se haya cumplido su deseo de que aparezcan pruebas inequívocas de la existencia de seres extraterrestres.


Mas detalles en MICROSIERVOS.

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abril 10, 2007

7 Gritos desde el Suburbio

7 gritos desde el suburbio. Asi se llama una nueva antología poética que ha sido lanzada ayer en el Centro Cultural de España en Santiago de Chile. Los autores Marcelo Valdés, Gregorio de las Heras, Pedro Becerra, Ricardo Chamorro, Rolando Mancilla, César Casanova y nuestro colaborador, René Acevedo, unen sus voces poéticas en una edición que incluye libro y DVD.

A manera de celebración, recordamos las Colaboraciones anteriores de René Acevedo en B blogzine y las Colaboraciones anteriores en el Cajón de Sastre de B blogzine. Tambien les invitamos a visitar el Blog de René Acevedo, poetalandia y como si fuera poco, nos tomamos la libertad de reproducir el post - poema que René ha publicado como apoyo al lanzamiento del libro. (¡Enhorabuena René!)



POST-POEMA.

Fue duro el golpe
La campanada estalló tumbando mis oídos
El mundo entero cambió su curso
Los nombres ya no fueron los mismos
Ni la hadas, ni los dioses
El sabor de la miel ya no era el mismo
Tampoco el aire
Tampoco el fuego
Me costó habituarme al nuevo paisaje
A un nuevo idioma
A un nuevo sol
La tierra giró como al llegar a puerto
Y ya no sirvieron los mismos pasaportes
Los talismanes ni las monedas
Las fotografías se cortaron por la mitad
Las canciones cesaron, los discursos callaron
Los poemas ya no tuvieron sentido
Ni pasión, ni piedad
Para qué decir amor
Me cobijé en un rincón
Y esperé a que terminase la tormenta
Luego caminé,
Caminé hacia ninguna parte
No importaba adónde fuese
Todos los lugares seguirían oliendo a ti.



René Acevedo.




POST DATA: Una segunda presentación del libro se realizará en el Café Literario de Providencia, también en Santiago de Chile, el jueves 26 de abril a las 19:00 horas.

En la ocasión se proyectará el video de los Geopoéticos y tocará el grupo Basikos y Karnales, agrupación en la que René Acevedo (en sus palabras) tiene el placer de cortar las cuerdas de las guitarras afiladas.

Invitados quedan aquellos que esten por allí en esos dias...

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septiembre 24, 2006

No Logo

"A medida que la cultura se hace mas homogénea, la tarea de la comercialización consiste en retrasar el tenebroso momento en que los productos de marca dejen de parecer estilos de vida y grandes ideas y demuestren ser los artículos ubicuos que en realidad son.

En esta etnicidad líquida, se ha introducido el condimento del marketing como antídoto contra el horror de la homogeneidad cultural. Al encarnar identidades corporativas que son radicalmente individualistas y perpetuamente nuevas, las marcas intentan vacunarse contra la acusación de que en realidad están vendiendo una sola cosa y la misma"


Naomi Klein*


¿Como puede medirse si una idea puede llegar a hacer algun daño al paradigma-sistema social imperante?

Evidentemente, y en un primer nivel, leyendo y escuchando las repuestas que genera tal idea en los medios de comunicación social y a traves de la reacción de algunos personajes renombrados del sistema, quienes echarán las raíces del discurso que a su vez genera el escenario propicio para el segundo nivel.
El segundo nivel: el sistema intentando asimilar esta idea, dándole un espacio y así legalizándola y quitándole toda la carga subversiva que podria contener.

Si el primer y segundo nivel no funcionan, se pasa al tercero,es decir, el uso de la fuerza.

Esta estructura funciona asi independiente del sistema al que nos estemos refiriendo. Aparentemente es un mecanismo de defensa de sistemas sociales vigente y activo.

Hace ya seis años, Naomi Klein, escritora Canadiense hija de estadounidenses que cruzaron la frontera en protesta contra la guerra de Vietnam, publicó su libro NO LOGO, El Poder de las Marcas*. Desde entonces, ríos de tinta han corrido a favor y en contra de lo que el libro postula. Sin embargo, la reaccion no pudo ser mas adecuada a lo que en el marco de lo que hablamos aqui, sería una reacción de Segundo Nivel: No Logo fue seleccionado para el prestigioso premio Guardian Award 2000, por este libro Klein ganó el Premio Nacional de Libro de Negocios, otorgado por el Banco de Montreal y el Times de Londres la nombró “la persona de menos de 35 años más influyente del mundo”.

Pero,¿de que va el libro? Klein afirma que al observar que en la década de los 90 la rebeldía de los jóvenes se mostraba contra el modelo económico que representaban las corporaciones — que miden el progreso sólo a través del crecimiento y del lucro — y que el poder real mundial está en manos de las grandes multinacionales, decide escribir este texto.
Klein requirió de cuatro años de investigación y observación en distintos países como Yakarta, los suburbios de Manila y México, donde estudió a las maquiladoras y al movimiento zapatista.

La idea básica de Klein es que en el capitalismo de las últimas décadas, las grandes empresas desplazaron su interés desde la producción de objetos hacia la producción de imágenes. Es decir que la tendencia sería justamente concentrar buena parte del esfuerzo empresario en generar y promocionar "marcas". La mayor parte del libro trata justamente de explicar e ilustrar en detalle los diversos caminos desarrollados por el capital en su estrategia de colonizar cultural y económicamente a las distintas sociedades con sus marcas, promoviendo la homogeneidad cultural y de consumo bajo sus preceptos y modelos de vida sometidos al consumo, claro.

En la primera parte del libro [Sin espacio] se describe la nueva lógica empresarial de creación y expansión de las "supermarcas" y a los métodos de construcción de mercados de consumo a través de la invasión publicitaria de los últimos rincones de privacidad que aún quedan, como expresión del cambio en la orientación de la creación del valor de la marca (brand equity) de las economías industriales que, hasta la década de los ochenta del siglo pasado, se centraba en la producción de artículos . Con las contracciones economicas de los 90 algunas de las empresas más grandes y poderosas del mundo, con varias propiedades y con gran nómina, comenzaron a sufrir graves problemas, haciendo evidente que el modelo de producción ya no era la ruta propicia hacia el éxito. Cambian su modelo hacia la nueva creación de valor de marca generando un proceso de reestructuración que ha dado inicio a las maquiladoras, al desempleo, al outsourcing, entre otras situaciones.

En la segunda parte del libro [Sin opciones] Klein continúa con los métodos implantados por las grandes empresas en su campaña por ocuparlo todo con sus supermarcas. Así se dedica a describir los sistemas de franquicias, de fusiones y sinergias y hasta de censura social a favor de la absoluta protección publicitaria. Klein afirma que las empresas mundiales dueñas de las marcas hablan de diversidad, pero el resultado visible de sus actos se centra en un ejército de adolescentes clonados que penetran en el centro comercial global; sus enemigos son las costumbres nacionales, las marcas locales y los gustos característicos de cada región. Este ataque contra las opciones de consumo se está dando en distintos frentes al mismo tiempo. Se verifica estructuralmente con las alianzas y fusiones, la compra de empresas y las sinergias corporativas.

La tercera parte [Sin trabajo] incorpora el rol desempeñado por las regiones periféricas del mundo, al ser estas el asiento de los procesos de producción de las multinacionales, dado que esto les permite bajar sus costos. Pero esta reducción de costos es lograda sobre el sacrificio sin límites de los trabajadores al violar las empresas toda legislación laboral y someter a los obreros y obreras a condiciones laborales más que humillantes y en donde el nivel de explotación llega a límites difíciles de imaginar. Según la autora, esta reducción de costos en el ámbito de la producción, lo necesitan estas grandes empresas para poder financiar el costoso trabajo de marketing para la construcción de la imagen de las supermarcas.

Finalmente en la cuarta parte [No logo] aborda de lleno los movimientos sociales que comienzan a luchar contra las marcas y su avance sobre el mundo. Se vé aquí la creatividad con la cual las distintas posiciones de lucha intentan ejercer oposición desde tácticas de piratería publicitaria hasta distintas alternativas de recuperación del espacio público avasallado por las empresas.

El libro deja abierta la puerta a muchos análisis y controversias. Pero regresando al enfoque inicial, la reacción de Primer y Segundo Nivel, me permito traer la contestación que hace Henry G. Northcote a traves de la Universidad de Las Americas de Chile, a los planteamientos del libro de Klein:

"Para los empresarios los desafíos no tienen fin. Para tener éxito, ellos deben fabricar productos que sean marcas líderes. Porque los consumidores compran marcas y eligen entre las que son líderes. El nuevo marketing consiste en construir una marca y no un producto, y vender un estilo de vida o una personalidad apelando a las emociones. Esto requiere de un gran esfuerzo para comprender la psicología del consumidor, cosa mucho más difícil y compleja que, como se hacía en el pasado, describiendo los atributos del producto. Por eso, la gente de marketing en las empresas y la gente en las agencias de publicidad - ante todo - tienen que ser autoridad en el conocimiento del consumidor. Y, como dijo David Ogilvy, usar la investigación de marketing no como el borracho usa el poste de luz, para afirmarse, sino que para que iluminarse.[sic]"...."Las marcas son las herramientas con que las empresas construyen y retienen la lealtad de los consumidores. Debido a que suelen requerir publicidad cara y un buen marketing, una marca fuerte puede fijar precios premium y levantar barreras contra la entrada de nuevos competidores en su categoría. Pero esto no es una garantía absoluta. Ya que la existencia y la buena salud de una marca, dependen del favor repetido en el tiempo de los consumidores. Si los gustos cambian y la marca no se adelanta a las nuevas tendencias y al cambio, simplemente puede desaparecer del mercado. El consumidor es esencialmente exigente y mutante. Y manda."....**

Que le expliquen aquello al ejército de adolescentes clonados que penetran en el centro comercial global, a esos chicos mas conocidos como los chicos NIKE - MTV.

Si quieren saber más:

El Sitio oficial de NO LOGO
http://www.nologo.org/

El Nuevo Proyecto de Naomi Klein Sobre el Cine
http://www.thetake.org/

Reisende.


*Naomi Klein,No logo, el poder de las marcas, tr. Alejandro Jockl, Paidós Ibérica, Barcelona,2001, 559 pp. [Título original: No Logo, Ed. Alfred A. Knopf, Division of Random House of Canada Limited, Toronto, Paidós, 2000].

**Henry G. Northcote, Las Marcas y los Cruciales Retos del Siglo XXI, en Pharos Ciencia, Arte y Tecnologia, Noviembre-Diciembre Año. 2001 Vol. 8 Num. 2, pp. 29-36, Universidad de Las Américas, Santiago de Chile.



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