septiembre 27, 2005

TV or not TV?


Por: Reisende

“Ya no importa lo que se diga en la pantalla; no importa la veracidad de las respuestas que dan los concursantes de programas de entretenimientos, si son verdaderas o erróneas, sino que lo que vale y que sí es cierto es el acto de enunciación: el presentador está allí.”

[“El Cuarto Poder” – Javier Zocco]

La tontería está servida: Uno de los grandes mitos de nuestros días se construye sobre la poco afortunada creencia de que la televisión dice la verdad en todas las situaciones y que la influencia de la televisión, mas allá de si esta es positiva o negativa en términos morales o éticos, acaba en el momento en que el usuario decide apagarla. En efecto, la discusión del rol de la televisión, discusión que nunca acaba, le da precisamente a la televisión la posibilidad de adelantarse por la derecha en el sentido metafórico y también políticamente literal. Situaciones como “quedar bien con todos”, “ayudar al desvalido”, “ser políticamente correcto” son el soporte moral que aplaudimos a rabiar mientras nos venden una variopinta oferta comercial. Encima, la empatía y la identificación son el bisturí con que se hace la incisión cerebral. Eficacia pura.
Lo que la mayoría de nosotros los televidentes rara vez recordamos es que estamos frente a una simulación.

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septiembre 26, 2005

Años 60: facturas sin pagar

Desde que tengo memoria (y de eso no hace tanto tiempo), los años 60 mantienen un status privilegiado en la memoria colectiva de occidente.
Son los años felices (los felices 60) para todos los que los vivieron e incluso para muchos que sólo los conocen a través de fuentes interpuestas. Y sin embargo, desde mi punto de vista, aquellos años felices son el origen (no me atrevo a hablar de causa) de muchas de las desgracias de décadas posteriores. Voy a poner un ejemplo reciente: ¿fue la Argentina de Menem un periodo feliz y despreocupado? Desde luego que sí. ¿Por qué ahora se quiere renegar de aquel recuerdo grato? Evidentemente, porque los efectos de aquella juventud neoliberal ha pasado facturas demasiado costosas a aquellos mismos que disfrutaron (o no tanto) de aquel periodo feliz. Volvamos a mi argumento principal: los años 60 fueron los años del desarrollo, una vez superada la post-guerra, en el que los países ricos parecían incluso dispuestos a compartir su riqueza con los pobres (recordemos, para eso se creó el Banco Mundial), es decir, los años 60 fueron el origen de las descomunales deudas externas de estos países en desarrollo, que no sólo quedan pendientes sino que crecen cada año. Todas las grandes instituciones de la globalización son fruto de aquella época en la que el progreso era indiscutible en los países ricos y cuestión de pocos años para los pobres. La ayuda al desarrollo, inventada en los felices 60, se ha demostrado un negocio redondo para los ricos y una ruina absoluta para los pobres (la redistribución según el neoliberalismo: quitar a los pobres para dárselo a los ricos). Entonces, si esto es así, ¿por qué seguimos admirando tanto la felicidad de aquellos años? ¿Por qué nos seguimos recreando con sus bagatelas sin percibir lo realmente significativo? Muy sencillo... las facturas aún no han llegado (aunque los intereses sigan creciendo).

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