agosto 22, 2005

Biografia



BIOGRAFÍA.

Nací por allá por el año 69,
Buen año para los enamorados
(por lo del viaje a la luna, claro).
Se acababan los Beatles,
Jim Morrison se acercaba
Vertiginoso hacia la tumba
El Ché adornaba las pancartas,
Woodstock ardía y ardía.
Se fue Frei y llegó el Chicho;
Marchas, abrazos y caceroleo,
La cosa ardió hasta consumirse.
El golpe me pilló jugando al trompo,
No volví a jugar tranquilo en muchos años.
Mi abuelo salió a la calle
Con una bandera de Chile
Y mis viejos se escondieron bajo la cama.
La vida me depararía otros golpes aún,
Como sacarme la cresta en bicicleta
O quebrarme el mate escaleras abajo.
Mi infancia se fue entre volantines
Y cabezas que también volaron:
Bonilla, Letelier, Prats, Urzúa, el boicot,
La Teletón y el mundial de España
Caszely perdiendo un penal!!
Y el guatón Don Francisco
Haciendo perder la cordura
Y picando cebolla bien finito.
Por esos años la profesora no me creía nada
Porque los niños no escriben poemas.
En el liceo un profe creyó en lo que yo hacía
Y eso fue fundamental
Mi primera polola, los primeros dramas
Mientras tanto afuera los cacerolazos,
La primeras protestas,
Los quemados, los degollados,
Los etcéteramente vejados
Mientras la Lucía culpaba a los vándalos,
El Tufo con jinetas, a los moscovitas
Y Mendoza a los comunistas y sus ajustes de cuentas.
Vendría el terremoto del 85 y otros terremotos
"Se nos está desgranando el choclo" decían...
Después el atentado mientras estaba en la Parroquia ,
La Perestroika y la Pinochetroiska ,
El Papa, Pepo y el Pipo.
El candidato único que llegó segundo
Pero que dejó todo amarrado para volver primero.
Voté que no pero me dijeron sí,
Luego las reformas que no reformaron nada
Y el Pato que se convirtió en Gallina.
Después de eso mejor no hablar
El socialismo a la chilena
No alcanza para socialismo
Ni tiene nada de chileno
Pobre Salvador,
Qué vergüenza me dan tus amigos.



NO SE PUEDE.

No se puede escribir un poema
De lo que todos quieren ignorar
El niño abandonado es sólo un tópico
De los artistas
Su carita sucia es sólo una postal para regalar
A la salida de la misa
Pero nadie ni siquiera nombra a su madre
Esperando un auto en alguna esquina oscura
Con el alma en un hilo
Rezando para que su compañero de turno
Le pague y la deje con vida para la próxima
Y para qué hablar del padre del niño
Si total el vino, la droga o la cárcel
Deben ocupar más tiempo en su cabeza
Que los recuerdos de algún hijo
Que nunca conoció

Nadie puede escribir un poema sobre esto
Y si lo hace...
...Nadie querrá leerlo.



ELLA.

Es como un cuadro de la Frida Khalo
Por todos lados desborda la belleza
Aunque los idiotas no quieran encontrarla
O no puedan.
Es como la pincelada certera de Chagall
Un poco infantil, descuidada y libre.
Me basta mirarla
Y se desnudan sus colores en silencio.
Mi diploma de artes,
Por supuesto,
No sirve para nada en estos casos.
Hay que cerrar los ojos
Y aprender a mirar
nuevamente.

Rene Acevedo M.


http://lavquen.tripod.cl/reneacevedo.htm

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agosto 08, 2005

El cine de terror en los años 60

La década de 1960 fue muy importante para un genero cinematográfico amado por muchos, pero considerado inferior por la crítica especializada "culta": me refiero al cine de terror. En esos años los films de horror alcanzaron lo que podríamos llamar la madurez, ya que la trama y los finales se vuelven muy inquietantes, dejando de lado el happy end totalmente anticlimax de las cintas terroríficas de los años 50 (citemos un solo ejemplo, la soberbia versión original de " La Mosca" con Vincent Price, que luego de mostrarnos el dramático final del científico protagonista, culminaba con una secuencia de alegría familiar casi infantil...). Los 60 se abren nada menos que con una de las mejores cintas de Alfred Hitchcock: "Psicosis", una de las cimas del subgénero de los asesinos dementes seriales, protagonizada por Anthony Perkins y de una potencia visual y dramática sólo comparable a las mejores películas de su director, "Vértigo", "Los Pájaros" y "Rebeca". No hay que olvidar que "Psicosis" está basada en una novela de Robert Bloch, uno de los mejores autores de cuentos de terror del estilo pulp , y quien fue amigo epistolar de Lovecraft en su adolescencia. Pero los horrores y la diversión en base al estremecimiento recién comenzaban, luego vendrían cintas de la potencia de "Arde, Bruja, Arde", basada en una novela de Fritz Leiber, o la otra cumbre del terror fantástico de esos tiempos: la ya nombrada "Los Pájaros", joya con efectos visuales de Albert Whitlock y que tiene una patética "segunda parte" que no se debería ni recordar.

Pero no todo se realizaba en los países anglosajones. Desde Italia apareció "La Máscara del Demonio", también conocida como "Domingo Negro", del maestro del cine terrorífico italiano, Mario Bava, quien inspiró a seguidores actuales como el director Darío Argento. Bava también nos regaló en esos años su cinta "Los Vampiros del Espacio", del raro subgénero de los no-muertos espaciales, el que tiene una de sus cumbres en la bizarra película de 1985 "Lifeforce", dirigida por Tobe Hooper.

Una cosa a destacar en los años 60 es la aparición de pequeñas productoras que se dedicaron casi por completo al género, y una de las más importantes es la inglesa Hammer, donde se cocinaron algunos de los mejores platos de la década. La Hammer ya venía aterrorizando al público desde los 50, con los inicios de la saga del Conde Drácula o del doctor Frankenstein, las que tenían una carga de violencia gráfica y erotismo ausente en las cintas clásicas de la Universal sobre estos monstruos. En esta productora comenzaron a descollar como actores de terror los talentosos Peter Cushing y Christopher Lee. Y también debemos mencionar las cintas sobre el doctor Quatermass, afortunado híbrido entre la fantasía científica y el terror. En los 60 la Hammer nos regaló películas de la talla de "Frankenstein Debe Morir" o "Drácula, Príncipe de las Tinieblas", ambas de Terence Fisher, o "Drácula Vuelve de la Tumba", dirigida por Freddie Francis, destacado también como director de fotografía, y quien durante décadas quiso realizar un film sobre Edgar Allan Poe, que nunca pudo financiar (¡Que lástima! Cuanto dinero invertido en cine basura podría haber servido para materializar un proyecto así...). Pero no sólo los monstruos revividos del terror gótico nos estremecieron gracias a la inglesa Hammer. En 1967 se estrenó "Una Tumba a la Eternidad" ("Quatermass and the Pit"), la tercera entrega de la saga del doctor Quatermass y una de las mejores cintas del cine de terror cruzado con la ciencia ficción. Durante la construcción del tren subterráneo en Londres, es descubierta una nave espacial de 5 millones de años de antigüedad. Y el mal que viajaba en ella se despierta, revelando un macabro secreto sobre el origen de la raza humana. Film estremecedor y de clara inspiración lovecraftiana, que fue homenajeado en otra de las mejores películas fantásticas de todos los tiempos, la versión de John Carpenter de " La Cosa del Otro Mundo" de 1982, cuya secuencia final es un tributo al cierre de la película de la Hammer , donde los protagonistas no saben si realmente destruyeron a las fuerzas malignas que amenazan al planeta. (Dicho sea de paso, el final apocalíptico de "Lifeforce" con una ciudad de Londres destruida por la contagiosa e incontrolable furia extraterrestre, también puede leerse como inspirado por "Una Tumba a la Eternidad").

A la tenebrosa sombra del éxito de la Hammer , otras productoras siguieron el camino a ambos lados del océano Atlántico, y algunas dignas de mención son la Amicus , la AIP o la Planet. En ellas participaron directores de la talla de Terence Fisher o de Francis, o el maestro de los escalofríos y el cine clase B, Roger Corman. Aquí podríamos mencionar las películas de varios episodios como "El Doctor Terror" o "Las Tijeras del Diablo" (esta última con guión de Robert Bloch), ambas producidas por la Amicus y dirigidas por Freddie Francis; o " La Isla del Terror" de Fisher, producida por Planet, donde unos monstruos engendrados por la ciencia, los Silicatos, (criaturas cuyo diseño es una especie de versión orgánica de las mantarrayas marcianas de " La Guerra de Los Mundos" de George Pal) asolan a la población de una isla, defendida por un puñado de héroes encabezados nada menos que por Peter Cushing. De la AIP no podemos dejar de mencionar el ciclo de Edgar Allan Poe, dirigido por Roger Corman, y donde debemos resaltar sus versiones de " La Caída de la Casa Usher" o " La Máscara de la Muerte Roja", y la cinta "El Palacio Encantado", que de Poe sólo tiene el poema y la atmósfera, pero que es una adaptación nada de despreciable (otras si lo han sido, por desgracia) de un relato del Ciclo de Cthulhu de H. P. Lovecraft: "El Caso de Charles Dexter Ward". De Corman también es más que destacado su alucinógeno film "El Hombre con Visión de Rayos X", una película absolutamente de culto.

Otras cintas a reseñar de la década son las incursiones en el terror de las primeras películas de Roman Polanski: por ejemplo, "Repulsión", cinta que estremece con la perturbadora actuación de Catherine Deneuve, o la joya del cine satánico "El Bebé de Rosemary", con Mia Farrow y producida por el ingenioso artesano del miedo William Castle. (En los años 90, Polanski volvería a incursionar en la temática del satanismo con "La Última Puerta", pero esta vez con un tono abiertamente apologético y gozoso). No podemos olvidar tampoco un par de largometrajes de ciencia ficción emparentados con el cine terrorífico, y más particularmente con el subgénero de los niños diabólicos: nos referimos a los pequeños, y no por ello menos temibles, extraterrestres de "El Pueblo de los Malditos" (dirigida por Wolf Rilla) y su secuela "Los Niños Malditos", de Anton Leader. Ambas películas inglesas están inspiradas en una novela de John Wyndham, autor además del "Día de los Trifidos", que también fue adaptada al cine en Inglaterra. "El Pueblo de los Malditos" cuenta con un excelente remake de John Carpenter, filmado en 1995.

No hemos pretendido ser exhaustivos en esta breve reseña, sabemos que más de una joyita de lo bizarro se nos ha quedado en el tintero. Pero lo que queríamos destacar es la fuerza del cine de terror en los años 60, donde se da algo que muy bien señalaba un fan en uno de los tantos sitios dedicados a este entrañable género; no se trata sólo de que una cinta provoque un salto en la butaca, sino de que el miedo esté en la historia misma, en las implicaciones del argumento, en los horrores que nos acechan detrás de lo cotidiano. A eso le llamamos madurez. Y no podemos olvidar que la década se cierra con "La noche de los Muertos Vivos" de un joven George A. Romero, película gore filmada en blanco y negro, donde los protagonistas no sólo deberán luchar contra el hambre homicida de los muertos que caminan, sino contra la más oscura maldad de sus congéneres con vida, si es que puede llamársele así al "way of life" que nos propone, ya desde esa época, la sociedad de consumo capitalista.

Y nos queda más que claro que las novísimas cintas de miedo de consumo rápido (muy bien envueltas en efectos digitales y pop-corn), junto con muchas otras mercancías actuales, ya no tienen la misma calidad de las de antes, porque la línea del progreso ascendente en el arte y en el capitalismo, no existe.

Miguel Acevedo M.

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Mayo de 1968 y la Internacional Situacionista


Hay una línea invisible
que va desde los años de 1920 hasta el famoso mayo del 68, y si uno esfuerza los sentidos puede captarla tan nítidamente como si estuviera trazada con tinta indeleble. En los años finales de la primera gran carnicería conocida como la primera guerra mundial, varias vanguardias artísticas trataron de transitar el camino que unía el arte con la vida, y se pasaron de la barricada de la creación literaria y plástica, a la trinchera de la lucha social. Los partidarios de Dada y los surrealistas son los más conocidos, los primeros tratando de destruir el arte y los segundos de realizarlo sin destruirlo, según la acertada fórmula de Guy Debord. Cabe agregar que destruir el arte no quiere decir destrozar físicamente las obras consagradas como artísticas por la academia (aunque más de una vez lo hicieron y más de una obra se lo merecía), sino destruir la concepción de la creación como algo separado del resto de los mortales y consagrado a las manos de los llamados artistas, que antes del Renacimiento eran simples artesanos.

Las décadas pasaron, el asalto a los cielos por la clase obrera pareció derrotado (a menos que uno fuera de los miles y miles que consideraban como socialismo o incluso comunismo a la barbarie stalinista), pero las condiciones sociales en distintas partes del mundo comenzaron a marchar nuevamente en dirección a la tan esquiva revolución. La década de los años cincuenta parece como muy próspera y estable en los países occidentales más desarrollados, extendiendo sus beneficios de ingresos y consumo incluso hasta los trabajadores sindicalmente organizados, pero distintos signos bajo la superficie prefiguran las convulsiones de la década siguiente. Uno de ellos es la fundación de la Internacional Situacionista (1957), agrupación de vanguardias artísticas donde se encontraban desprendimientos de la Internacional Letrista , o el Instituto Psicogeográfico de Londres, y el Movimiento Internacional por una Bauhaus Imaginista. Esta nueva y pequeña internacional comenzó a editar la revista Internacional Situacionista , y lenta pero decididamente comenzó a avanzar hacia el camino de la subversión política. Un hito en esa ruta fue el llamado escándalo de Estrasburgo, en 1967, cuando un grupo de estudiantes de dicha universidad de Francia, miembros de la IS , llegaron al centro de alumnos y utilizaron los fondos para editar y repartir en una sesión solemne y oficial de la casa de estudios, el panfleto Sobre la miseria del medio estudiantil , ataque en toda regla contra el rol del estudiante universitario, contra el Estado y el capitalismo. Ya a esa altura los situacionistas trataban de establecer contactos con otros grupos políticos dispersos por el mundo y que tuvieran una lectura similar a la de ellos, implacablemente críticos contra las sociedades capitalistas occidentales y contra el socialismo burocrático.

Y en mayo de 1968 estallan las luchas en toda Francia. A lo que al principio parecieron meras revueltas estudiantiles se van sumando lo trabajadores, y millones de hombres y mujeres participan en las tomas de universidades, liceos y fábricas. Los situacionistas participan activamente en instancias como el Comité de Ocupación de la Sorbona y el Consejo para el Mantenimiento de las Ocupaciones, y ahí se lanzan a tratar de separar las barreras entre el arte y la vida, aportando su visión de la sociedad del espectáculo que no es la simple crítica de la sociedad de masas o del consumo moderno en las condiciones del capitalismo maduro de los años 60, si no una profunda crítica a la sociedad de clases, enarbolada por partidarios abiertos de su destrucción, que no sucumbieron ante ninguna moda radical de su tiempo, cuando por ejemplo el maoísmo hacia furor entre los estudiantes y la intelectualidad más izquierdista, y muchos marchaban con el libro rojo del presidente chino en la mano, o proclamaban las tres M: Marx, Mao y Marcuse . De esta trinidad, los situacionistas y los llamados enrages sólo rescataban al primero, el autor de ese torpedo contra la sociedad explotadora del trabajo asalariado llamado El Capital. Además, a esa altura los situacionistas y otros rebeldes contaban con su propia arma secreta, el libro La sociedad del espectáculo , escrito en 1967 por Debord, uno de los fundadores de la IS.

Recordemos que las luchas en París y otros puntos de Francia estuvieron relacionados con importantes movilizaciones en otras partes del mundo, como el 68 en Checoeslovaquia, o en España y el país vasco, o todas las luchas del 68-69 en Italia, donde también se destacaron en la agitación teórica los componentes de la sección italiana de la Internacional. Pero finalmente las luchas se fueron apagando, o se prolongaron en áreas tan distantes como América Latina. Al cabo de unos años, la IS se autodisolvió en 1972...

Hoy, la sociedad del espectáculo que regula cada día de nuestras vidas, en el trabajo o en el ocio, rescata los elementos más llamativos, y generalmente más superficiales, de la década de 1960 y todas sus luchas y manifestaciones contraculturales; las bandas musicales más famosas, la estética, o toda la rebelión norteamericana de las flores, donde los locos jóvenes contestatarios se fueron transformando al llegar la madurez en hombres y mujeres responsables y de bien, una transición generacional desde los Yipies (del partido internacional de la juventud)a los Yupies (los jóvenes, urbanos y profesionales). Pero en lo profundo de la memoria colectiva, o para ser más precisos en esas partes que las instituciones se esfuerzan por dejar en la sombra y el olvido, siguen grabadas las luchas sociales de los 60, y ese espíritu provocador que animó con su fuego y sus consignas transgresoras la bandera situacionista, ondeando en el mástil de un barco ebrio... de vida plena.

Fernando Neira

Notas:

La IS buscó alianzas y coordinaciones con organizaciones revolucionarias de los países nórdicos o del Japón, pero también tuvieron relaciones muy conflictivas con grupos como Socialismo o Barbarie, o con los situacionistas norteamericanos a los que terminaron desahuciando, por considerarlos muy hippies. Para Debord, por ejemplo, los beatniks o los hippies eran el ala derecha del movimiento.

Los llamados Enrages o Rabiosos eran los más exaltados agitadores que comenzaron las luchas en las facultades de educación superior.

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